4 días en Cartagena de Indias

La Ciudad Amurallada

Es el centro histórico de Cartagena. Allí solían residir los nobles y ricos en la época de la colonia (era la zona vip del momento y lo sigue siendo aún porque es una zona carísima) y fue declarado Patrimonio Histórico. El primer término que se me viene a la cabeza cuando pienso en ese sitio es: colores. Amarillo, azul, verde y rojo. Todos esos tonos pueden convivir en los apenas 30 metros cuadrados del frente de una casa cualquiera. La zona es una tentación para todos los sentidos: el golpeteo de las pisadas de los caballos sobre el asfalto, la explosión de tonalidades y los deliciosos aromas que salen de los negocios de comida invitan a perderse en cualquier fantasía de ocasión.

Se puede visitar el Palacio de la Inquisición que, como imaginarán, están lleno de elementos de tortura utilizados en aquella época por la Iglesia. También se puede ver el Museo de Arte Moderno y el de Oro Zenú. Vale la pena dedicar una tarde a recorrerlos, así como a pasear por la Plaza de los Coches, donde se puede echar un vistazo a los edificios históricos más importantes de ese sitio.

Para finalizar, no dejaría de ver el atardece desde alguno de los bares ubicados en la parte alta de la muralla que tiene una excelente vista al mar. La brisa suave y la caída del sol combinan muy bien con una cerveza bien fresca.

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Cartagena

Castillo San Felipe de Barajas

Se trata de un fuerte ubicado sobre el cerro San Lázaro. Fue construido en 1536, durante la colonia española. Es Patrimonio de la Humanidad y se la considera una de las 7 maravillas de Colombia. El castillo fue remodelado varias veces y actualmente, además de ser uno de los mayores atractivos turísticos de la zona, es utilizado para organizar eventos políticos importantes. En abril de 2012, en el fuerte se celebró la apertura de la VI Cumbre de las Américas.

Aconsejo jugar a las escondidas en los túneles subterráneos y perderse mirando, desde lo más alto del fuerte, toda la ciudad amurallada.

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No vayan a la playa

Una de cal y otra de arena. Si bien es cierto que se trata de una ciudad preciosa, su playa no es paradisíaca. Más bien todo lo contrario. La arena no es blanca, el mar no es transparente, no hay tranquilidad y está repleta de gente. Es la Bristol marplatenese versión colombiana. Sobre todo por los vendedores que no te van a dejar en paz. ¿Lo peor? Las mujeres que te ofrecen masajes. Por más que les digas que no, te pasan las manos por el cuerpo y después te quieren cobrar por apenas haberte rozado la piel. Es decir: no podés quedarte quieta y tirada en la arena porque, sin pedir permiso, te empiezan a frotar crema por el cuerpo y te “masajean”. Consejo: evitar directamente la zona. Para poder disfrutar del mar, lo mejor es ir al puerto, tomarse una lancha y visitar las islas aledañas.

Isla Barú

Es una isla pequeña, al sur de la Ciudad, a la que se puede llegar en apenas 30 minutos de lancha desde el puerto de Cartagena. Ahí sí van a encontrar con todo lo que uno se imagina al pensar en el caribe colombiano: playa blanca, mar transparente, mariscos, cocos y tragos dulces. Es una zona híper turística y hay varias opciones para hospedarse. Es cuestión de averiguar para evitar gastar de más. Nosotros sólo pasamos el día pero por lo que escuchamos, incluso se podía pasar la noche, en carpa, en la casa de alguno de los 20 mil habitantes que tiene la zona.

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Islas del Rosario

Es un pequeño archipiélago con islas constituidas por formaciones coralinas. El mar es impecable pero nos faltó la arena. No hay arena. En cada una de las pequeñas islas hay un hotel o restaurante donde ofrecen comidas y bebidas. Lo más interesante para hacer es snorkel para poder disfrutar del colorido mundo acuático. Pero salvo por eso, no hay mucho más. Con pasar dos o tres horas es más que suficiente. De hecho hay tours que salen desde la costa de la Ciudad que ofrecen un combo que incluye visita a estas islas y a Baru. Todo en un mismo día.

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