Buenos Aires la linda

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Hoy la caminé como hacía rato no lo hacía. Me gustó tanto sentirla que decidí perderme a propósito. Escondí el mapa que siempre llevo conmigo (porque tengo graves problemas de orientación) y caminé de más. Me dio el sol en la cara como hacía mucho no me pasaba un lunes al mediodía en Buenos Aires.  Caminar un lunes sin rumbo aparente por la ciudad me convirtió otra vez en viajera. Y al ser viajera no puedo evitar  fascinarme con el paisaje. Así que, por millonésima vez, me volví a enamorar de Buenos Aires. Y la recorrí con ojos viajeros. Y viajé sin irme de la ciudad. De mi Ciudad. De mi Buenos Aires querido.

Viajé porque me dejé llevar. Y encima, no sólo fui viajera sino que fui periodista. Fui periodista viajera en la ciudad. Porque mis caminatas en zigzag fueron las que me transportar a fuentes, testimonios y causalidades que, pronto, se convertirán en nota.

Me pareció buena idea recrear una versión libre del “fotógrafo programado”, una de las ideas del libro Turista lo serás tú, un texto que plantea distintos juegos para aprender a ver las ciudades con otros ojos y escapando de los viajes empaquetados para turistas. El juego consiste en sacar fotos cada tantos minutos de lo que sea que se te cruce delante. Yo hice algo parecido pero no respeté eso de hacer las imágenes cada cierta cantidad de minutos y fui sacando cada vez que me surgían ganas. Acá está el resultado de ese juego.

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En la Plaza General San Martín , donde recuerdo haber pasado tardes enteras estudiando o corrigiendo pruebas de alumnos, o soñando despierta. Improvisé almuerzos, leí, dormí y reí.

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Un bondi cualquiera. En este caso fue el 140 porque me gustó su recorrido. Los bondis de Buenos Aires son uno de mis lugares favoritos para leer libros y gente. Sí, a la gente también me gusta leerla y también usarla para “ficcionarles” una vida paralela con mucha magia e incertidumbre. O, quizás, una vida llena de rutinas y obligaciones.

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Darse vuelta y encontrarse una esquina como ésta: hermosa, fotográfica y con un “qué se yo, ¿viste? Salís de tu casa y lo de siempre en la calle y en vos”.

Me duele mucho la cintura pero esta vez no es por haber pasado interminables horas sentada frente a la computadora, sino por haber recorrido la ciudad de mis amores con ojos de viajera.  Hoy soy más nómade que ayer.

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