10 motivos para enamorarse de Nápoles

Nápoles es un lugar donde no hay lugar para la indiferencia. Están los que la aman y los que la odian. Yo, aviso, pertenezco al primer grupo. Y, según creo, muchos de los que la detestan se dejaron envenenar por la mala prensa que tiene esta pequeña ciudad del sur de Italia, que de pequeña no tiene nada. Porque Nápoles es grande por donde se la mire: sus edificios históricos, sus miles de opciones y sus porciones de pizza. El punto es que se la mire porque muchos decidieron darle la espalda porque “dicen que” es peligrosa, sucia y mala, y entonces ella, que exuda belleza por todos sus poros, pareciera que se ve obligada a avisarnos que el sur también existe. Y que es lindo.

Acá, 10 motivos por los que amo Nápoles y por los que les recomendaría visitarla:

  1. Nos aman. Nunca me gustaron los idilios unilaterales. Creo que el amor se hace (se vive, se disfruta) de a dos, así que el hecho de que en Nápoles decir “soy argentino” juegue a favor hace que mi corazón se predisponga a quererla.  Casi que siento el deber moral de corresponder tanta demostración de afecto: “Eh, ¡Argentina! ¡Maradona!” Esa expresión,  que se dice a los gritos y se acompaña con un vaivén de brazos desplegados al cielo, como invocando la fuerza divina de El Diego, se repite una y otra vez cuando decimos que venimos de nuestra hermosa tierra del cono sur. Todavía recuerdan, con devoción, la gloria que les hizo vivir aquel jugador que hoy ya no puede pisar suelo napolitano. “¿Cómo alguien podría criticarlo?,” se preguntan, sin entender o más bien sin aceptar que alguien pueda cuestionarles a su ídolo. IMG_20150815_114904
  2. La pasión. Ellos son intensos para todo: pedir un café, saludar a un amigo o hacer un reclamo al banco. Todo se hace con ahínco, gesticulando fuerte y mostrando interés. Ellos no flotan, pisan fuerte. No se deslizan sutilmente, dejan marcas en el cemento. Existen, están, viven…y se nota.

    Procida. Crédito: Matías Lamouret @Mducce

    Las coloridas calles de Nápoles.

  3. Su costanera. Tienen un corredor hermoso que recorre la ciudad y desde donde se pueden adivinar las siluetas de las islas de Ischia, Procida y Capri; así como admirar el monte Vesuvio, cuya explosión en el año 79 destruyó las ciudades de Herculano y Pompeya. DSC_0971
  4. Sus callecitas y construcciones. Nápoles es una ciudad de casas bajas, calles de piedra y muchos balcones que suelen estar decorados por ropa húmeda colgando (eso de sacar los trapitos al sol viene de acá, creo yo). Vale la pena perderse en ese entramado que no tiene mucha lógica; y donde abundan las plazas y escalinatas que te permiten explorar su belleza desde diferentes alturas. 20150820_120458Vista de Nápoles desde el Castel Sant´Elmo.

5. Los castillos. Nápoles es conocida por sus edificaciones medievales. Una de las más imponentes y que está a pocos metros del puerto es el Castel Nuovo o Maschio Angioino, construido en 1279 por Carlos de Anjou, cuando ascendió al trono. Si bien ya había dos castillos en el reino en aquel entonces, él prefirió construir uno a la medida de sus antojos. ¿El resultado? Una fortaleza que se mantiene en pie y donde, en la actualidad, se organizan presentaciones y espectáculos abiertos al público. El Castel dell’Ovo o Castillo del Huevo tampoco pasa desapercibido. Le debe el nombre a una leyenda que cuenta que el famoso poeta Virgilio habría escondido en la base del edificio un huevo que se suponía que debía soportar todo el peso de la estructura para que la ciudad tuviera buena fortuna. Quienes disfruten de las alturas, no pueden perderse el Castel Sant´Elmo. Está en la colina de Vomero y permite tener una vista panorámica única de la ciudad. Es el castillo más grande de la ciudad y fue construido a pedido del rey Roberto I de Nápoles. Se  puede llegar ahí a pie o por medio de un funicular que parte del centro histórico de la ciudad. El Palacio de Capodimonte también forma parte de la herencia arquitectónica medieval.  Fue mandado a construir por Carlos VII para preservar la colección de arte que había heredado de parte de la familia de su madre, los Farnesio. Hoy se pueden apreciar cuadros de Caravaggio, El Goya y Boticelli, entre otros. Es muy conocido el Castel Capuano, que fue construido por Guillermo I de Sicilia, el primer rey de Nápoles. Tiene este nombre porque está en la ruta que conduce a la ciudad de Capua. También está el Palacio Real de Nápoles se comenzó a construir en 1603 y se finalizó a mediados del siglo XIX. Supo ser un lugar de mucha actividad política y social de la ciudad. Hoy es la sede de la biblioteca nacional.  20150820_192748El Castel dell’Ovo

  1. Su gastronomía. La ciudad también conquista por sus sabores. No se me ocurre una mejor manera de vivir Nápoles que a través del paladar. Sugiero arrancar la mañana con un café expreso y un babá; permitirse, a media mañana, tomarse un granite de limón, almorzar una pizza tradicional o una ensalada capresse con mozzarella de búfala, merendar un rico gelatto y encontrar la excusa y el lugar para terminar sentado mirando al puerto con un buen lemoncello en la mano.
Nápoles. Crédito: Matías Lamouret @Mducce

El puerto de Nápoles.

  1. Las playas. Hay algunos puntos de la costanera de la ciudad donde la gente suele parar para darse un chapuzón y tomar sol. Suelen ser espacios pequeños, con rocas y si bien no sobra el lugar para acomodarse no dejan de ser una gran opción para sacarse el calor agobiante que reina por estos días. De todas ellas, la mejor es la llamada playa de La Gaiola, que se encuentra al final de la Vía Posillipo. Se trata de una pequeña playa que mira a la Gaiola, la isla más pequeña del golfo de Nápoles.

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  1. Las islas. Sería un gran error irse de Nápoles sin visitar alguna de las islas que están en el golfo. Capri es la más conocida y suele estar repleta de gente pero, a pesar del incordio que eso puede generar para conseguir un espacio en la playa, vale la pena visitarla. El mar es precioso y la playa pública es bastante amplia. Además, se puede visitar la famosa gruta azul. Por foto se ve divino, aunque debo confesar que no hicimos este paseo por el costo que implicaba. Porque eso sí: Italia es un lugar caro y nada (o casi) sale gratis. Ischia es la más grande de las islas del golfo. Esta vez no la recorrimos, pero recuerdo que la última vez que fui disfruté mucho la visita por el caso histórico. La construcción más famosa de la isla es el Castillo Aragonés que data del 474 a.c y que fue edificado a pedido del tirano Hierón de Siracusa. Procida, por su parte, es la isla más pequeña del golfo y es muy conocida por haber sido la locación donde se filmaron algunas escenas dela película El Cartero.

DSC_1024Isla de Procida.

DSC_1187Isla de Capri.

  1. Abunda la historia. Los que quieran conocer un poco sobre los entretelones que forjaron a esta hermosa ciudad tienen la opción de hacer tours gratuitos donde se recorren los distintos rincones históricos de la ciudad. También se puede explorar la Nápoles subterránea y adentrarse en los misterios que quedaron enterrados bajo tierra y que supieron ser los cimientos de la actual ciudad napolitana.

DSC_0970Turistas en Nápoles.

  1. La amabilidad. Se pasan de amables. Los napolitanos casi que está dispuestos a llevarte de la mano cuando les pedís una indicación porque te perdiste; no les molesta “perder” cinco minutos recomendándote algún lugar que no deberías dejar de visitar o para, simplemente, hablar sobre Maradona, Lavezzi y cómo está el país. Son pueblo, son calle, están vivos. ¿Todo esto parece muy subjetivo? Y sí, porque lo es: soy un sujeto, soy subjetiva y hoy te “subjetivo” que amo Nápoles.
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