Nápoles: trapitos al sol

20150820_121429

Nápoles es una ciudad turística por excelencia. Los cruceros que se renuevan a diario en su puerto y la interminable cantidad de personas que la deambulan con mapas en la mano no permiten la mínima duda. Pero a pesar de la invasión a la que la sometemos todos los que venimos a verla, Nápoles sigue siendo napolitana. Y para darse cuenta que no hay una gota de maquillaje sólo hay que levantar la vista del piso y no llegar al cielo. No hay ventana donde no cuelguen los calzones y las remeras napolitanas. No podría enumerar la cantidad de mujeres a las que vi descolgando la ropa. Los napolitanos no sienten vergüenza de sacar sus trapitos al sol. Y ellos son así. Los amás o no. Habernos quedado 10 días lo dice todo.
En una ciudad donde hay más casas de apuestas que semáforos el ritmo de vida es frenético. Todo parece hecho sin pensar, todo obra del impulso, y todo funciona igual. Edificios que te dejan con la boca abierta, playas de ensueño, callesitas con escaleras que parecen no llevar a ningún lado, grandes avenidas, pizza y panini, granitas y basura, un cóctel que se mezcla perfecto con un pueblo amable y pasional. Bocinas, puteadas y consejos se reparten en el mismo tono. Y ni hablar que Nápoles no es sólo Nápoles, es Capri, Positano, Amalfi, el Vesuvio y tanto más. Pero las montañas son montañas y playas hay muchas. La verdadera riqueza de nápoles está en los napolitanos.
Me quedo con ese viejito que me dio la respuesta a una pregunta que nunca le hice, “binaria 3”, para decirme que tren tomar.

Matías.

Facebooktwittergoogle_plus

Deja un comentario