Croacia: la maldición de Lokrum

Isla de Lokrum

Ahí está ella, atractiva y misteriosa, mirando desde lo lejos pero no tanto. Como una amante pasajera, permite que se la mire, toque y disfrute pero sólo por un rato. El que pretenda quedarse a pasar la noche será despedido (de la faz de la tierra) con un vertiginoso (y peligroso) “hasta nunca”. Casi como en el Lado Oscuro del Corazón (la película de Eliseo Subiela), el intruso será eliminado del juego. Sólo que acá no hay botón, ni hay cama, ni se cae al olvido. Los amantes indiscretos se precipitan a un destino trágico y horroroso.

La belleza en cuestión es Lokrum, una isla pequeña, de apenas 2 kilómetros cuadrados, que se encuentra en el mar Adriático a escasos 600 metros de la ciudad croata de Dubrovnik. Una de las primeras celebridades en toparse, casualmente, con este pequeño paraíso fue el monarca inglés Ricardo Corazón de León quien llegó a sus costas, en 1192, luego de que su barco naufragara cuando volvía de las cruzadas. En agradecimiento prometió construir una iglesia que finalmente fue levantada en la vecina Dubrovnik.

El nombre “Lokrum” deriva del término en latín “acrumen” que significa “fruta agria” y hace alusión a los cultivos de frutas y vegetales exóticos que tenían allí los benedictinos, que se instalaron en la isla a comienzos del siglo XII (todavía se puede visitar el antiguo monasterio de esta orden) y permanecieron allí hasta 1806, cuando las tropas napoleónicas, que habían invadido lo que entonces se conocía como la República de Ragusa (que abarca lo que es actualmente el extremo sur de Croacia y una pequeña parte de Montenegro), los obligaron a irse. Los curas, sin mucha otra alternativa, aceptaron pero antes pidieron hacer una última misa en la iglesia de Santa María (los restos todavía se pueden visitar en la isla). El deseo les fue concedido y así fue que hicieron un último servicio en la isla pero eso no sería todo. Una vez finalizada la ceremonia, todos los miembros de la orden cubrieron sus cabezas con sus capuchas y dieron tres vueltas enteras a la isla llevando, en la mano, una vela de forma invertida. Mientras la cera derretida dejaba sus huellas en el suelo, los curas murmuraban los textos de la maldición que sellaría, por siempre, la suerte de aquella tierra: quien quisiera vivir en esa isla padecería el horror y la muerte.

Casualidad o destino, lo cierto es que todos los que quisieron apropiarse de su belleza terminaron bastante mal. Por empezar, los tres miembros de la aristocracia croata que complotaron a favor de los franceses para adueñarse de la isla tuvieron finales trágicos: uno murió ahogado, el otro fue asesinado y el tercero se suicidó. El capitán Tomaševic, que fue el primero en adquirir la isla una vez que cayó la República Ragusa, pasó de millonario a mendigo casi sin escalas. Vendió la isla al archiduque Maximiliano que se instaló allí en 1859. Construyó una mansión de verano pero no llegó a disfrutarla por mucho tiempo porque en 1864 fue nombrado emperador de México. Al poco tiempo de llegar a tierras aztecas fue ejecutado.

Luego de esto, la isla fue rematada por un valor bastante bajo. Definitivamente no eran muchos los que se animaban a adquirir esa joya tan venenosa. Aunque nunca falta el osado e incrédulo que dice: “Sí, yo quiero”. En este caso se trató de un noble llamado Dujmovic Poljica quien, al poco tiempo de adquirirla tuvo que venderla porque quedó en la quiebra. Luego pasó a manos de un tal Jakopovic, un supuesto doctor de Budapest que en realidad era un peluquero que se hacía pasar por doctor. Su mentira se descubrió poco tiempo después de que comprara la isla. Por ese motivo fue humillado y ya no tuvo oportunidad de trabajar. Al quedarse sin dinero decidió donarle la isla a un pariente que se ahogó cuando iba en barco hasta allí.

El pequeño y maldito paraíso luego cayó en manos Rodolfo de Habsburgo, único heredero de Austria, Hungría y Bohemia quien terminó suicidándose (o asesinado en manos de algún miembro de la corte, según indican algunos rumores) junto con su amante María Vecer, en el palacio de Mayerling.

Después de esto, la madre de Rodolfo, la emperatriz Isabel de Baviera, más conocida como Sissi creyó que sería buena idea invitar a los benedictinos a instalarse nuevamente en la isla para así terminar con la maldición, pero ellos rechazaron el regalo (¿acaso también temerían caer presos de sus propios conjuros?). Como tampoco pudo venderla, terminó donándoles una gran cantidad de dinero a la orden religiosa de los Dominicos que sí aceptaron quedarse con esas misteriosas y tenebrosas tierras. Quisieron venderlas en una subasta pero no lograron hacerlo y Lokrum volvió, una vez más, a las manos imperiales.  Así es que la princesa Isabel Windishgratz, hija del difunto Rodolfo, se hizo cargo de ella. Poco tiempo de esta compra, fue asesinada por un anarquista italiano.

La sucesión de infortunios es larga. No faltan las historias e historietas relacionadas con esta perla del Adriático. Algunos aseguran que, a la noche, se pueden oír, desde Dubrovnik gritos desesperados que vienen desde la isla. ¿Serán tal vez almas que quedaron atrapadas por siempre en el embrujo que rodea a Lokrum? Hay más leyendas y dudas que certezas, pero lo cierto es que hace ya varios años que nadie habita en ella. De hecho, en 1963 fue declarada patrimonio natural y en 1976 se constituyó en reserva especial de vegetación y está bajo el cuidado de Unesco.

Si además de la maldición, quieren saber qué se puede visitar en Lokrum, hagan click acá.

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