Croacia: la búsqueda del tesoro en Split

Un poco a propósito y otro poco porque estábamos colapsados de tanto pensar en qué hacer, dónde ir, cómo viajar y qué ver, cuando llegamos a Split no teníamos mucha data más que lo poco que habíamos leído sobre la ciudad: había un caso antiguo, había historia y playa pero, según advertían desde varios blogs los viajeros, “no esperen encontrar algo tan impactante como Dubrovnik”. Hicimos caso y bajamos las expectativas. Y eso, una vez más, resultó ser sanador porque nos encontramos con una ciudad fascinante.

Lo más impactante es el Palacio Diocleciano que,  a diferencia de lo que se puede imaginar, no es un castillo para ver y no mirar sino más bien un entramado de construcciones de estilo romano donde abundan las piazzas, pequeñas casas, pasillos, muchas columnas y donde mucha gente vive y tiene sus comercios. Está en el corazón de Split. Y es el corazón de Split.

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Lleva el nombre del regente que ideó y construyó, en el siglo IV, este lugar de retiro. Es que Diocleciano fue el primero de los emperadores en abdicar y el lugar elegido para descansar y pasar sus últimos años lejos de la agitada vida política de Roma fue Spalatum (Split) que también había sido conocida como Aspalathos, cuando supo ser una colonia griega.

Diocleciano mandó a construir una fortaleza de 38.000 metros cuadrados con vista al mar. No escatimó en recursos: se utilizaron ladrillos y piedra caliza de la vecina isla de Brac (de allí también es la piedra caliza que se empleó para construir la Casa Blanca, en los Estados Unidos), así como mármol Egipcio para la decoración. Se levantaron murallas de entre 15 y 20 metros de altura y cuando estuvo listo, en 305, el emperador se mudó allí. En torno a este palacio creció un poblado, constituido, en principio, por soldados romanos y eventualmente por sus familias. Con el tiempo se sumaron artesanos, comerciantes  y se constituyó en una importante ciudad. En la actualidad es la segunda más grande y densamente poblada, después de Zagreb, en Croacia.

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Cada una de las paredes de la fortaleza tiene una puerta, que ahora son solo arcadas, que lleva el nombre de un metal diferente. La que mira al norte es la Puerta de Oro; la que da hacia el sur, la Puerta de Bronce; la que desemboca al Este es la Puerta de Plata y al que está en el Oeste, la Puerta de Hierro.

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El primer día en la ciudad lo dedicamos a fascinarnos con la ciudad sin atenernos al mapa: recorrimos el mercado, disfrutamos de un rico almuerzo/merienda sentados en la costanera y dejamos que el anochecer nos encontrara sentados en las escalinatas de la plaza central del palacio. En Split nos había mostrado que los tesoros se encuentran donde menos se esperan y eso nos dio una gran idea: decidimos jugar a la búsqueda del tesoro.

En este tiempo que estuvimos preparando el viaje nos dedicamos a leer varios blogs de viajeros y en más de uno encontramos un desafío que nos pareció de lo más interesante y que ahora nos parecía de lo más oportuno: jugar a encontrar pequeños objetos (los que sean y queramos) en las ciudades que visitamos. Es una forma de recorrer los destinos de otro modo, siendo más viajero que turista y, por sobre todo, dejándose invadir por el espíritu lúdico; ese que uno, a veces, cuando se hace grande comete el error de dejar guardado y almacenado en un freezer.  Pues bien, era hora de “sacar los instintos de paseo” y así lo hicimos.

La idea, a la mañana siguiente, fue separarnos en dos equipos: Mati por un lado y Dante y yo por el otro. Salimos del departamento a las 11 de la mañana y nos encontraríamos ahí mismo a las 18 horas pero eso sí, había que cumplir con las consignas: buscar y fotografiar las siguientes cosas:

  • Algo azul
  • Un buzón
  • Una casa que nos llame la atención
  • Un árbol
  • Un papel de golosina
  • Un papel escrito con un mensaje
  • Un picaporte
  • Un cartel novedoso
  • Una baldosa
  • Libre (esto es de lo más difícil porque dejaba todo librado a la interpretación)

Acá van los resultados. ¿Qué opinan sobre lo que encontramos?

Algo azul

Según Dante y Desirée: unas gomitas con forma de calavera. Estaban en una de las varias tiendas de golosinas temáticas de piratas que hay en la ciudad.

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y según Matías, tres pelotas perdidas en el arenero de una plaza.

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Un buzón

Esto fue lo que encontró el equipo de la doble D:

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Matute le puso más onda a la búsqueda…

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Una casa que nos llame la atención

Dante y Desirée optaron por la libre interpretación y retrataron una parrilla que tenía forma de casa. Sin dudas una vivienda novedosa.

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M apeló al espíritu artístico y retrató esta vivienda que tenía dos estatuas fuera de lo común.

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Un árbol

M eligió uno bien enraizado

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El otro equipo pensé en uno que tuviera buenas ramas para colgar la tela. Igual todo quedó en idea porque no hubo tiempo para la acrobacia. No aún, pero igual seguimos con las esperanzas (y la tela azul) a cuestas.

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Un papel de golosina

D y D tuvieron que mirar mucho el piso para encontrarse con este envoltorio

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M también encontró un buen envoltorio pero las pruebas fueron eliminadas. Tendrán que creernos.

Un papel con un mensaje

Después de mucho buscar, D y D optaron por fotografiar un menú hecho a mano. Jamás supieron bien de qué se trataba la cuestión pero ya se están acostumbrando a que eso suceda con frecuencia en estas latitudes.

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M también vio un mensaje pero escrito en una pared. ¡Que viva la libre interpretación de consignas!

 

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Un picaporte

A D y D les llamó mucho la atención que no fuera ni rococó ni muy elaborado. En un lugar donde todo es magnífico, artesanal y tiene miles de años, la oxidación y la sencillez cobran un valor especial.

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Y M eligió un ejemplar llamativo de la región.

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Un cartel novedoso

Este signo de “ojo no te tires para adelante” les resultó muy gracioso a D y D.

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Mati tuvo un brillante hallazgo. Insuperable.

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Una baldosa

Pisar una baldosa y encontrarse con un dato histórico enmarcado en una placa es algo que, según D y D, valía la pena fotografiar.

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Matute se encontró pisando una baldosa que…

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en realidad era el techo de una casa que andaba “por lo bajo”

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Dentro de la sección “libre”

D y D se toparon, de casualidad, con la playa Kasjuni, una de las más populares en Split, que se encuentra a los pies del monte Marjan. Fue el último destino que visitaron antes de finalizar la búsqueda del tesoro. Obviamente, se dieron un refrescante baño antes de volver al departamento.

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M se cruzó con un señor que llevaba una malla con la cara del Che Guevara. También fue en una playa, Bacvice, otra de las preferidas de la zona.

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