4 leyendas mágicas sobre la Alhambra

Alhambra

El suspiro del moro

Una de las historias que más se repiten por los rincones de Granada cuenta que cuando el rey Boabdil entregó las llaves de la ciudad a los reyes católicos, se fue sin mirar lo que dejaba atrás. Pero una vez que llegó a la colina sí se dio vuelta y, con los ojos puestos en Granada, suspiró y se echó a llorar. En ese momento su madre le dijo: “Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre”. Un comentario un tanto machista, pero no se podía esperar otra cosa en esa época. Se dice que el último rey de los moros era muy propenso a irse de fiesta y nunca cuidó el reinado seriamente.  De hecho, durante la sublevación de la Alhambra, Boabdil no encontró mejor manera de lidiar con los conflictos que escapándose a un reducto en la cima de una colina. De ahí que ese sitio se conozca como la Silla del Moro.

El reloj de sol

Se cree que la Alhambra puede verse como un enorme reloj de sol, donde es posible leer la hora siguiendo la ruta de las sombras que se forman, en su interior, en los distintos momentos del día.

 

El soldado encantado

Esta es mi leyenda favorita. Dicen que un estudiante, de los tantos que abundan en Granada (¿ya dije que es una ciudad joven y estudiantil? Ah, no, bueno, se los cuento ahora, entonces) se cruzó con un soldado vestido con ropajes antiguos que le dijo que hacía 300 años que estaba atrapado en esa ciudad. Había sido condenado, por una maldición, a cuidar los tesoros de Boabdil, el último sultán de Granada. Y que sólo tenía permitido salir de la Alhambra una vez cada 100 años. La forma de deshacer el hechizo, le explicó, era conseguir una muchacha cristiana y un sacerdote en ayuno. El estudiante consiguió a dos voluntarios que cumplieran con esas características. El problema fue que, mientras estaban llevando a cabo el conjuro, el cura, que ya no daba más de hambre, se avalanzó sobre unos manjares que estaban dispuestos sobre la mesa para festejar el final del hechizo. La gula del hombre dejó al soldado, encantando y atrapado, nuevamente dentro de la Alhambra. Algunos, cuentan, todavía pueden verlo lamentarse por los rincones de la bella ciudadela.

 

La sala de los Abencerrajes

Se dice que en ese cuarto, que era la habitación del sultán, se asesinaron a 37 caballeros de la familia Abencerrajes  que estaban allí invitados para participar de una celebración. Todo ocurrió cuando los caballeros contaron una supuesta historia de amor entre la sultana y uno de los miembros de la familia Abencerrajes. Tal fue la ira que le provocó esto al sultán que, enloquecido por los celos, mandó a decapitar a los miembros de la familia. Se cree que el tono rojizo que se puede ver en la taza que están en la sala así como en el canal que comunica con la Fuente de los Leones son los rastros de sangre que quedaron de aquella matanza.

 

 

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