Couchsurfing argento-colombiano en Madrid

Valijas, paisajes diferentes, habitaciones de hostels y la rutina de la no rutina. Stop. Es momento de hacer un parate y de tener un poco de previsibilidad. De saber, al menos, que la mañana siguiente nos vamos a despertar y no nos correrá el tiempo para conocer ningún museo nuevo ni para ver un monumento de esos que no-te-podes-perder porque figura-en-todas-la-guías-y-cómo-vas-a-ir-hasta-allá-y-no-verlo.

Primera consigna: ir a una ciudad ya conocida, o bien elegir un destino nuevo pero donde pudiéramos descansar, al menos, una semana (vacaciones dentro de las mega vacaciones). Así no parecerá que “se pierde el tiempo” un día en el que el único plan sea salir a caminar sin rumbo, desayunar y hacer las compras. El lugar elegido para eso fue Madrid. Esa ciudad tan europea que a los porteños nos parece que tiene un poquito de nuestro Buenos Aires. La capital española donde no falta el que tiene (o dice tener) algún conocido/amigo/ex amigo/pariente viendo allí; o donde, aunque más no sea por el sabor de sus comidas, uno se siente un tanto más local que, por ejemplo, en Cracovia.

Unas semanas antes de tomar la decisión de cuál sería el próximo destino de descanso recibimos el mensaje de Ana Sanz, de profesión entusiasta, además de docente y traductora de inglés, para invitarnos a hacer una experiencia couchsurfing con ellos si es que pasábamos por Madrid. La idea de visitar por esa hermosa ciudad estaba presente pero nada era seguro. Ahora bien, saber que íbamos a estar unos días con Ana y su familia ya hacía del sitio un lugar bastante más atractivo. De verdad queríamos sentir un poquito de calor hogareños y así fue: nos sentimos como en casa desde el momento uno. Fue lindo volver a disfrutar del humor argento (y colombiano, porque la parcera Ana es de esos pagos), comer fideos con tuco un domingo, ver a Dante jugar con Martín, el pequeño de la casa charlar sin tiempo, no correr para ver monumentos ni hacer tours. Fue lindo sentir que jugábamos casi de locales en el extranjero. Fue lindo saber que alguien, al final del día, nos esperaba “en casa”.

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Mati, Ana, la couchsurfer que se unió a la troupe y yo, bue, tratando de hacerme la sexy pero se nota que no es lo mío.

 

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Dante y Fernando haciéndose…¿los lindos?

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